
Título Original - El Angel Desnudo
Año - 1946
Director - Carlos Hugo Christensen
Elenco - Olga Zubarry, Guillermo Battaglia, Carlos Cores, Eduardo Cuitiño, Agustín Orrequía
Tenía un título muy ganchero, El Angel desnudo...y además un lanzamiento publicitario de gran astucia, uno de los mejores de la historia del cine argentino. En realidad, fue más el ruido que las nueces, pero corría el año 46 y enseguida el boca a boca previo le quitó el sueño al reprimido espectador argentino: “se verá el primer desnudo del cine argentino”. ¿Hacía falta más? El ostentoso cine Opera estaba repleto ya en la primera función de aquel 14 de noviembre y eran pocos los que se distraían mirando las titilantes estrellas de su cielo artificial. Por fin, la sala apagó sus luces y la pantalla encendió la suya. La película de Carlos Hugo Christensen –que había estrenado ya la excelente comedia erótica Adán y la serpiente- empezó a rodar. El melodrama de un rico arruinado que le ruega a su hija que acepte posar para un escultor a cambio de una fuerte suma no se apartaba de tantas otras tramas similares de la producción nacional. Pero Christensen siempre supo manejar los deseos ocultos del público y dosificó bien la creciente ansiedad.
Y llegó la escena tan esperada. Las carteras de las damas se abrían y cerraban con nerviosismo, en tanto los caballeros carraspeaban con idéntica impaciencia. Despaciosamente, Olga Zubarry se despojaba de la parte superior de su ropa y los ojos de Guillermo Battaglia tendían a desorbitarse. En medio de un silencio que sólo cortaba la música del film, la escena muda culminaba: la actriz quedaba desnuda de espaldas y sólo hasta el nacimiento de las caderas. Battaglia, cada vez más fascinado y con una escultura alegórica detrás, no puede contenerse, estrecha a Olga entre sus brazos y la besa con pasión. Disolve y a otra cosa. Los suspiros de alivio y los murmullos demuestran que el cebo estuvo bien puesto. El Ángel desnudo culmina y el torrente de espectadores que sale se fusiona con el que pugna por entrar. Negocio redondo.
Más tarde, mientras vuelven a casa en el ruidoso tranvía, el marido le dirá a su esposa mirando distraidamente por la ventanilla: “bueno, vieja, no era para tanto, ¿no?...” Aunque tal vez dentro de su cabeza los ratones corrieran el gran premio Olga Zubarry. No faltaron voces de protesta, algún suelto reprobatorio en revistas serias y la sentencia de las vecinas: “!¿Pero a dónde vamos a parar?!” Olguita tuvo que explicar que en realidad tenía una especie de corpiño sin breteles ni ajuste en la espalda. Pero pocos le creyeron. El tabú había caído, aunque todavía nadie lo sabía. Desde esa famosa escena, nuestras actrices empezaron a quitarse ropa de a poco y cada vez durante mayor cantidad de minutos, hasta que Isabel Sarli se pegó el primer baño en El trueno entre las hojas. Después de ese remojón, todas tiraron la chancleta… (Rómulo Berruti: www.elcine.ws )
































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